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Ἀρχική σελίς
Ἀρχική σελίς

Homilía catequética en el Comienzo de la Santa y Gran Cuaresma 2013

Ἐπιστροφή
Ἐπιστροφή

Prot. No. 240

+ B A R T O L O M E
POR LA MISERICORDIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMENICO
A TODO EL PLEROMA DE LA IGLESIA,
SEA LA GRACIA Y LA PAZ
DE NUESTRO SALVADOR Y SEÑOR JESUCRISTO
Y DE NOSOTROS ORACION, BENDICION Y PERDON


Hermanos e hijos amados en el Señor,

Los divinos Padres que siempre han ordenado todas las cosas convenientemente determinaron que la gran fiesta de la resurrección del Señor sea precedida por un periodo de ascesis y purificación espiritual de una duración de cuarenta dias. La ascesis se realiza a través de la restricción de los alimentos, es decir del ayuno, pero principalmente a través de la abstinencia del mal. Resalta característicamente el sacro himnógrafo que el ayuno verdadero y bien aceptado por Dios es la transformación de los males, la contención de la lengua, la abstinencia de la ira, el alejamiento de los deseos, de la mala lengua, de la mentira y de la prevaricación, la restauración de la injusticia, la vigilancia del logismo pasional, la confesión ferviente, la limpieza de la conciencia, “de la que nada en el mundo es más impetuoso”, la continencia de “pasiones destructivas, del crimen y del odio, y de toda maldad”, la evasión de la “desviación de la mente”, la confesión de lo incorrecto; pues “cercano y ante las puertas se encuentra el Juez”, quien examina corazones y riñones, el “que está en todas partes y plenifica todas las cosas” (Gran Cánon de San Andrés de Creta)

La ascesis corporal tiene como objetivo la purificación de la mente y su dedicación al amor de nuestro Señor y Dios Jesucristo. Simultáneamente, al amor de nuestros prójimos, que es la prueba última de que somos los discípulos de Aquel que los ama. Nuestro amor debe ser palpable y debe conllevar algún sacrificio por ellos. Pues el amor sin ofrecimiento de bienes materiales y espirituales al amado es un discurso vacuo. De la misma manera en esta presente época de la gran crisis moral y económica debemos, los que tenemos oportunidad, ofrecer con hilaridad, amor y respeto hacia nuestro prójimo nuestra ayuda. Solamente entonces nuestra alegría en la resurrección del Señor será rica: cuando nuestra oferta hacia sus hermanos más pequeños, nuestros prójimos, es rica. “El que ama a su prójimo como a sí mismo nada más posee que el prójimo (…) cuánto más acumules riquezas, de la misma manera faltarás al amor”, enseña la veraz boca patrística. (San Basílio, Para los que se enriquecen, PG 31, 281B)

El mundo cree, infortunadamente, que la felicidad se condice con el recibir y con el tener riquezas, gloria, distinciones y otros placeres. “Nada es más inútil que un hombre que no sabe amar”; y “cuando veas a alguien pidiendo curación corporal o espiritual no te digas ¿porqué este o aquel no se han sanado? sino libera de la enfermedad y no busques en uno o en el otro la causa de la negligencia. (…) Si derramas sobre este o aquel como ungüento la palabra de la enseñanza, si sujetas con dulzura, si curas con firmeza, aquel se convertirá para ti en el tesoro de mayor riqueza” (Sacro Crisóstomo, A la II Carta a los Corintios XXVIII y Contra los Judíos VIII, PG 61, 586-587 y 48, 932-933). La verdad es que la felicidad y la satisfacción de la oferta de amor y bienes materiales al prójimo son incomparablemente más grandes que las riquezas materiales. La común percepción social, que se enseña ya a los jóvenes como la via más conveniente para ellos, es la codicia y la avidez. Estas ideas, no obstante, cuando predominan, producen transtornos sociales y, finalmente, perjudica a aquellos que adquieren de manera desmedida bienes en desmedro de los demás. La inevitable disgregación social debe normalizarse voluntariamente a través del ofrecimiento de los que tienen a los que no tienen. Nuestro Señor nos enseña refiriendose indicativamente: “Aquel que tiene dos vestidos que de al que no tiene” (Lc. 3, 11). Solamente a través del más profundo sentido de nuestra unión hacia los demás prójimos, y sobre todo hacia los más débiles, hemos de transitar el periodo de la santa y gran cuaresma de una manera agradable a Dios y tendremos la bendición de Cristo.

Durante el presente año, que hemos proclamado como “el año de la solidaridad humana mundial”, debemos, en vistas de la grave crisis económica mundial, mostrar aún más interés por el alivio de nuestros hermanos necesitados a través de bienes básicos.

De esta manera transitaremos el “inminente estadío de las virtudes” de manera agradable a Dios en progreso espiritual, “disfrutaremos del denario”, “recibiremos la justa retribución”, y festejaremos con plenitud de felicidad la santa resurrección del Señor -por la cual “verdaderamente se vive la vida”-, del Cual la gracia y su rica misericordia sean con todos vosotros.

Santa y Gran Cuaresma 2013
+B(artolomé) de Constantinopla
ferviente suplicante ante Dios de todos vosotros