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Ἀρχική σελίς
Ἀρχική σελίς

Mensaje de Navidad 2012 del Patriarca Ecuménico

Ἐπιστροφή
Ἐπιστροφή

Prot. No. 1124

ENCICLICA PATRIARCAL
PARA LA NAVIDAD

+ BARTOLOME
por la misericordia de Dios Arzobispo de Constantinpla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico
a la plenitud de la Iglesia
Gracia, Misericordia y Pace
del Salvador Cristo nacido en Belén

*  *  *

“Cristo ha nacido, glorifiquémosle, Cristo está en la tierra, exaltémosle.”

Regocijémonos en alegría por la inefable condescendencia de Dios. Los ángeles nos preceden diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, y buena voluntad entre los hombres.”

Aún así, en la tierra contemplamos y experimentamos guerras y amenazas de guerra. Sin embargo, el alegre anuncio no es de ninguna manera anulado. La paz ha arribado verdaderamente a la tierra a través de la reconciliación entre Dios y los hombres en la persona de Jesucristo. , Sin embargo y desgraciadamente nosotros los seres humanos no hemos sido reconciliados entre nosotros, a pesar de la divina voluntad de Dios. Mantenemos una odiosa disposición hacia el otro. Nos discriminamos unos a otros por medio del fanatismo en relación a convicciones religiosas y políticas, por medio de la avaricia en la adquisición de bienes materiales, y a través del expansionismo en el ejercicio del poder político. Estas son las razones por las cuales entramos en conflicto unos con los otros.

Con su decreto de Milán, promulgado en el año 313 d.C, el iluminado emperador romano Constantino el Grande instituyó la libertad en la práctica de la fe cristiana, junto a la libertad en la práctica de cualquier otra religión. Tristemente, habiendo pasado desde entonces 1700 años, continuamos viendo la persecución religiosa contra cristianos y minorías cristianas en diversos lugares.

Aún más, la competición económicase se ha extendido globalmente, principalmente a través de la adquisición de ganancias efímeras, que es promovida como objetivo principal. Las lóbregas consecuencias de sobreconcentración de riqueza en las manos de unos pocos y la desolación financiera de vastas masas humanas son ignoradas. Esta desproporción, que es descrita mundialmente como crisis económica,  es esencialmente producto de una crisis moral. Sin embargo, la humanidad lamentablemente no atribuye una correcta significación a esta crisis moral. A fin de justificar esta indiferencia, la gente invoca la noción del libre comercio. Pero el libre comercio no es una licencia para el crimen. Y una conducta criminal es mucho más de lo que está estipulado en los códigos penales. Ésta incluye aquello que no puede ser previsto por la prescripción de leyes estatutarias, como aquella de la confiscación de las riquezas de la gente por medios supuestamente legítimos.  Aún más, como entonces la ley no puede ser formalmente impuesta, las acciones de una minoría de ciudadanos son muy a menudo expresadas en una manera irrestricta, provocando así disrupción en la paz y justicia social.

Desde el Patriarcado Ecuménico, pues, hemos seguido desde cerca los “signos de los tiempos”, que en todas partes dan eco de “sonidos” de “guerra y tumulto” – “con nación que se alza contra nación, dominio contra dominio, grandes sismos, y en varios lugares hambrunas y plagas, junto con terribles fenómenos y presagios celestiales” (Lc. 21. 10-12) En muchas maneras, estamos experimentado lo que San Basilio escribió sobre “los dos tipos de amores: uno es sentir pena y preocupación contemplando que nuestro amado sea perjudicado; el otro es regocijarse y luchar para beneficiar al amado. Nadie que no muestre ninguna de estas categorías claramente ama a ningún hermano o hermana” (Basilio el Grande, Pequeñas Reglas, PG 31, 1200A). Es por esto que desde esta Santa Sede y Centro de la Ortodoxía, proclamamos el inminente próximo año como el “Año de la Solidaridad Global”.

Es nuestro deseo que de esta manera seamos capaces de sensibilizar suficientes corazones entre la humanidad con respecto al extenso e inmenso problema de la pobreza y de la necesidad de asumir las medidas necesarias para confortar a los hambrientos y desgraciados.

Como vuestro padre espiritual y lider espiritual, pedimos sostén de todas las personas y gobiernos de buena voluntad a fin de que podamos por fin realizar la tan ansiada “paz en la tierra” del Señor -la paz anunciada por los ángeles y concedida por el infante Jesús. Si verdaderamente deseamos esta paz que trasciende todo entendimiento, estamos obligados a adquirirla palpablemente en vez de ser indiferentes a la vulnerabilidad espiritual y material de nuestros hermanos y hermanas, por quienes Cristo ha nacido.

Conjuntamente con toda la creación material y espiritual, veneramos la natividad del Hijo y Verbo de Dios de Maria Virgen, arrodillándonos ante el recién nacido Cristo -nuestra iluminación y salvación, nuestro abogado en la vida- y preguntándonos como el salmista ¿A quién hemos de temer? ¿De quién deberíamos estar asustados? (Sal. 26. 1) como cristianos, ya que “hoy nos ha nacido un Salvador” (Lc. 2,1), “el Señor de las huestes, el Rey de la Gloria.” (Sal. 23. 10)

Deseamos y oramos fervientemente para que el naciente 2013 sea para todos un año de solidaridad global, libertad, reconciliación, buena voluntad, paz y alegría. Que el Logos pre-eterno del Padre, que ha nacido en un pesebre y unió ángeles y humanos en un solo orden, estableciendo paz en la tierra, conceda a todas las gentes paciencia, esperanza y fortaleza, mientras bendice al mundo con los divinos dones de su amor. Amén.


En el Fanar, Navidad de 2012
Vuestro ferviente suplicante ante Dios
+ Bartolomé de Constantinopla