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Ἀρχική σελίς
Ἀρχική σελίς

Homilía catequética en el Comienzo de la Santa y Gran Cuaresma

Ἐπιστροφή
Ἐπιστροφή


Prot. Nº 101 
 
+ BARTOLOMÉ
POR LA GRACIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA:
GRACIA Y PAZ DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO
Y DE NOSOTROS ORACIÓN, BENDICIÓN Y PERDÓN

"Fieles, recibamos con alegría el divinamente inspirado anuncio del ayuno" 
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: 
En los recientes tiempos, observamos un nivel elevado de preocupación. Muchos desafíos surgen. El mundo está sufriendo y anhela la ayuda. De hecho, nosotros estamos pasando por una prueba general. Algunos la llaman declive financiero; otros se refieren a ella como una crisis política. En cuanto a nosotros, es una cuestión de perversión espiritual. Y existe una solución. Se proponen muchas resoluciones y se oyen numerosos puntos de vista. Sin embargo, los problemas persisten. Algunas personas se encuentran solas y abandonadas. Su naturaleza más profunda es ignorada.  Permanecen en la oscuridad de la confusión y la depresión. 
Independientemente de la dirección o la solución propuesta, las distintas respuestas que se ofrecen no pueden redimir al hombre. Porque, desde el principio, lo dejan encadenado a la corrupción y la muerte. La Iglesia es el Señor divino-humano, que libera nuestras almas. Al entrar en el espacio de la Iglesia, entramos en el ámbito del consuelo divino, de la reconciliación entre el cielo y la tierra.  Estamos en casa. Nuestro espíritu está tranquilo. Descubrimos una belleza celestial y una madurez espiritual, "una fragancia santa capaz de alcanzar los confines del mundo". La Iglesia sabe todo lo que sufrimos y tiene el poder para liberarnos. Nos llama al arrepentimiento. No embellece la mentira ni oculta el sufrimiento. Dice toda la verdad. Y nos insta a enfrentarnos a la realidad tal como es; para reconocer que somos tierra y polvo. 
El Gran Canon de San Andrés hace mención de lágrimas de arrepentimiento y luto de aflicción, a saber, el dolor de nuestras heridas. No obstante, lo que sigue es el descanso del alma, la salud del espíritu. Nosotros tenemos a nuestro Creador y Salvador. A través de la abundancia de Su misericordia, él nos ha colocado en la encrucijada de la incorrupción y la mortalidad. Él no nos ha desamparado; vino a salvarnos. A través de Su cruz, abolió la muerte y nos concedió la incorrupción de la carne. 
Puesto que nosotros somos congénitos de Cristo, ¿por qué nos preocupamos en vano? ¿Por qué no corremos hacia Él? La Iglesia ni critica la corrupción ni nos abandona a ella. Conoce nuestras inclinaciones más profundas y viene en nuestro apoyo y salvación. Nosotros necesitamos nutrirnos. Sin embargo, "No sólo de pan vivirá el hombre" (Mat. 4.4). También necesitamos la comprensión espiritual; sin embargo, no somos etéreos. En la Iglesia, descubrimos la plenitud de la vida y el entendimiento como un equilibrio divino-humano. Lejos de Dios, nos pervertimos y nos corrompimos. Dondequiera que los bienes materiales abunden y el desperdicio se exalte, la tentación escandalosa y la confusión tenebrosa prevalecen. 
 
Dondequiera que los seres humanos vivan con reverencia y reciban todas las cosas con agradecimiento, todo se santifica. Lo poco se considera bendición; lo corrupto se viste con la gloria de la incorrupción. Los seres humanos disfrutan lo que es efímero como un don de Dios, siendo nutridos, al mismo tiempo, por la promesa de la vida futura. No sólo se resuelven los problemas, sino también, los sufrimientos se transforman en el poder de vida y una razón para glorificar. Cuando esto ocurre con nuestra alma, cuando encontramos paz y salvación por encomendar todo a Cristo nuestro Dios, entonces nuestra mente se ilumina. Llegamos a conocernos a nosotros mismos y el mundo entero. Tenemos fe en Él que es el único poderoso. Esto mismo fortalece al creyente. Entonces, por medio de un fulgor invisible, se transmite como apoyo a todos aquellos que están hambrientos y sedientos de la verdad. 
El mundo entero necesita la salvación de su Creador y Hacedor. El mundo entero necesita la presencia de la fe y la comunión de los Santos. Demos gracias al Señor nuestro Dios por todos Sus beneficios, así como por el presente periodo de la Santa Cuaresma. 
He aquí un tiempo bienvenido; he aquí un tiempo de arrepentimiento. 
Viajemos a través de este periodo del gran ayuno con contrición y confesión para que podamos alcanzar la alegría infinita de la Resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo a quien es debido toda gloria, honor y adoración por los siglos de los siglos. Amén. 
Santa y Gran Cuaresma 2012 
+ Bartolomé de Constantinopla 
Ferviente suplicante ante Dios por todos