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Ἀρχική σελίς
Ἀρχική σελίς

Mensaje de Navidad 2011 del Patriarca Ecuménico

Ἐπιστροφή
Ἐπιστροφή

Prot. No. 1192 
+ BARTOLOMÉ
Por la Gracia de Dios
Arzobispo de Constantinopla-Nueva Roma y Patriarca Ecuménico
A la Plenitud de la Iglesia
La gracia, Paz y Misericordia de nuestro Salvador Jesucristo Nacido en Belén

"Cristo nace de nuevo y los Ángeles cantan una vez más: 
‘Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad a todos. '" (Lucas 2.14-15) 

Queridos hermanos y hermanas, hijos en el Señor: 
Los ángeles cantan estas tres proclamaciones majestuosas y todavía la gran mayoría de seres humanos, a pesar de celebrar la fiesta de Navidad, no percibe la importancia de la canción angélica, preguntándose, en cambio, si Dios es glorificado hoy de verdad o por qué debe ser glorificado; ¿dónde uno puede discernir en la tierra la paz que se anuncia, y por qué la humanidad contemporánea debe vivir con buena voluntad? 
Es porque, en la realidad, la mayoría de las personas no glorifica a Dios - ni en sus hechos ni a través de sus palabras. Muchos de ellos dudan de la existencia de Dios y la presencia de Dios en sus vidas. Hay también muchas personas que responsabilizan a Dios por las ocurrencias desafortunadas en sus vidas. Sin embargo, aquellos que refunfuñan contra Dios, yerran profundamente, puesto que el mal no deriva de Él. Al contrario, la encarnación del Hijo divino y Verbo, junto con los eventos consecuentes de Su Crucifixión y Resurrección, transforma a la persona humana a su belleza anterior, concediendo la vida eterna y la paz que supera toda comprensión, y haciendo a los seres humanos coherederos del reino celestial. Este acto de condescendencia divina, abrazando sin embargo la última humillación, está en sí mismo capaz de glorificar a la humanidad. Así, aun cuando muchas personas no glorifican a Dios en sus corazones, no obstante la gloria se rinde - por toda la creación y todas las cosas que tienen lugar entre los humanos - hacia Él quién mora en lo más alto. Nosotros también entonces, agradecidos, clamamos con los Ángeles, "Gloria a Dios en las alturas," por la inmensidad de Sus obras y la incomprensibilidad de Su amor hacia nosotros. 
La gente también cuestiona la segunda proclamación angélica: "Y paz en la tierra". ¿Cómo podemos hablar de paz en la tierra cuando casi la mitad del planeta se encuentra en guerra o en vías de preparación para la guerra? El tono dulce de la proclamación angélica acerca de "paz en la tierra" es principalmente una promesa divina que, si nosotros seguimos el camino indicado por el Niño recién nacido, adquiriremos la paz interior y la coexistencia pacífica. Sin embargo, la mayoría de las personas es estimulada y atraída por los tambores de guerra, ignorando el son de la promesa de paz en la tierra. No estamos refiriéndonos aquí a aquellos que apasionadamente apoyan el uso de las armas, sino, sobretodo, a aquellos que transforman la competición suave en conflicto desigual, buscando la aniquilación de cualquier oposición. La guerra es experimentada como una realidad entre los miembros de grupos sociales rivales y partidos de todo tipo, - sea racial, político, partisano, financiero, ideológico, religioso, deportivo o cualquier otro tipo donde el intenso modo de pensar de los miembros se convierte en militante en lugar de pacífico. Sin embargo, esto no refuta la verdad proclamada por los Ángeles que - a través del Nacimiento de Cristo y la aceptación de Sus enseñanzas - la paz prevalecerá, de hecho, en la tierra. Cristo vino trayendo la paz; y si Su paz no prevalece en el mundo, entonces la responsabilidad queda con aquellos que dejan de aceptar y abrazar esta paz, no con el Dios que la concede. 
Puesto que ésta es la posición de la humanidad contemporánea a la luz de la paz ofrecida por Dios, no es sorprendente que la buena voluntad sea escasa entre la gente. La buena intención de Dios hacia la humanidad está asegurada, así como las consecuencias favorables del amor divino son en principio claras para todos los seres humanos y particularmente tangibles para todos aquellos que aceptan las proclamaciones angélicas en la práctica. Por contraste, para aquellos que rechazan estas proclamaciones y se dan a aprovecharse y abusar de otros, las consecuencias son percibidas como una crisis de tensión y ansiedad, como una crisis de economía y significado, y finalmente como incertidumbre existencial. 
Queridos hermanos y hermanas, hijos en el Señor, 
Todas las proclamaciones de los Ángeles durante el nacimiento del Señor son realidades que existen y son experimentados hoy plenamente por aquellos que creen en Jesucristo como el Salvador divino-humano del mundo. Empecemos desde este año a vivir la Navidad de una manera que agrade a Dios, el dador de todas las cosas buenas, para que podamos experimentar en nuestros corazones la paz transcendente y la buena voluntad y amor de Dios hacia nosotros. Ofrezcámonos como seres humanos bondadosos en nuestra relación con Dios y otras personas, compartiendo con los demás y no convirtiéndonos en unos individuos egoístas. Quitemos las máscaras que extrañan y nos dividen de Dios y Su imagen humana, nuestro prójimo. Cumplamos nuestro destino en la semejanza de Dios practicando nuestra fe en Él. Proclamemos, también, la canción angélica a la humanidad que está sufriendo terriblemente y no puede encontrar la Paz y la Buena Voluntad a través de sus medios convencionales. La única manera de superar la guerra y todas las formas de crisis, como la financiera que azota nuestro mundo, es nuestro Señor Jesucristo que nos aseguró que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Por consiguiente, nosotros glorificamos a Dios en las alturas y a Jesucristo que se dignó a morar entre nosotros. Y nosotros proclamamos con los Ángeles que la Paz es accesible y de verdad existe en la tierra y dentro de nuestros corazones porque nosotros hemos sido reconciliados a Dios a través de Su buena voluntad al asumir la carne por Su nacimiento en el pesebre. 
Así que experimentemos la alegría del Nacimiento de Jesucristo y el anticipo de todos los beneficios anunciados por la triple proclamación de los Ángeles. Amén. 

En el Fanario, Navidad 2011 
+ Bartolomé de Constantinopla 
ferviente suplicante ante Dios por todos