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Ἀρχική σελίς
Ἀρχική σελίς

MENSAJE PATRIARCAL PASCUA 2011

Ἐπιστροφή
Ἐπιστροφή

Nº de Protocolo: 404

+BARTOLOMÉ
POR LA MISERICORDIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA – NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
A LA PLENITUD DE LA IGLESIA
LA GRACIA, LA PAZ Y LA MISERICORDIA
DEL GLORIOSAMENTE RESUCITADO SEÑOR JESUCRISTO


Hijos amados en el Señor:

De nuevo con paz y alegría os enviamos el alegre y esperanzador saludo "¡Cristo ha resucitado!

Las circunstancias y eventos recientes no parecen justificar nuestro alegre saludo. Las catástrofes naturales producidas por los terremotos y tsunamis y la amenaza de una posible explosión en las plantas nucleares, así como las víctimas humanas de los conflictos bélicos y acciones terroristas, muestran a nuestro mundo terriblemente herido y retorciéndose bajo la presión de las malas fuerzas naturales y espirituales.

Sin embargo, la resurrección de Cristo es un hecho verdadero y otorga a los fieles cristianos la certeza, y a toda la humanidad, la posibilidad de superar las consecuencias adversas de los desastres naturales y las aberraciones mentales.

La naturaleza se rebela cuando la arrogante mente humana intenta acotar las inmensas fuerzas que el Creador ha encerrado dentro de los aparentemente insignificantes en tamaño elementos inactivos suyos. Contemplando espiritualmente los fenómenos naturales adversos que repetida y sucesivamente afectan a nuestro planeta en estos últimos tiempos, llegamos a aceptar la opinión de que estas cosas no son independientes de la desviación espiritual de la raza humana. Los elementos de desviación, tales como la codicia, la avaricia, el deseo insaciable de riquezas en combinación con la indiferencia hacia la pobreza de muchos que la excesiva riqueza de unos pocos ocasiona, no parecen a los científicos que tengan relación con los fenómenos naturales. Sin embargo, investigando espiritualmente el asunto, el pecado no sólo altera la armonía de las relaciones espirituales, sino también de las naturales. Existe una relación mística entre el mal moral y el mal natural y si queremos liberarnos del segundo, debemos, por supuesto, rechazar el primero.

Nuestro Señor Jesucristo resucitado, hombre nuevo y Dios, es un clásico ejemplo de la influencia beneficiosa de la santidad en el mundo natural. Sanaba las enfermedades físicas y espirituales ayudando y curando a la gente, pero al mismo tiempo calmó el mar embravecido y multiplicó los cinco panes para dar de comer a cinco mil personas, combinando así la restauración de la armonía espiritual y natural. Si, en la actual situación desfavorable física y políticamente, queremos influenciar favorablemente, no tenemos otro camino que la fe en Cristo Resucitado y el cumplimiento de Sus mandamientos salvíficos para los hombres.

Cristo ha resucitado y se ha reavivado la moral perfecta del hombre manchado, llegando a ser el primogénito y el pionero en el renacimiento del mundo, de la gente y de la naturaleza. El mensaje de la resurrección no está exento de una influencia sustancial en la calidad de la vida humana y el buen funcionamiento de la naturaleza. Cuanto más completa y profundamente vivamos la resurrección de Cristo en lo íntimo de nuestro corazón, tanto más beneficiosa será la influencia de nuestra existencia en toda la humanidad y hasta en el mundo natural. Las ciencias naturales tal vez aún no han detectado esta relación que existe entre la regeneración del hombre y la restauración de la naturaleza, pero la experiencia de los santos – ojalá sea nuestra propia experiencia - afirmando que está empíricamente demostrado que precisamente el hombre renacido en Cristo restaura la armonía trastornada por el pecado de los fenómenos naturales. El santo en Cristo mueve montañas por el bien, y el hombre malo e impío mueve la tierra y levanta olas gigantes por el mal.

Acerquémonos hacia la santidad de Cristo resucitado, para que con Su gracia apacigüemos las olas naturales y morales que afectan a nuestro mundo moderno. La gracia de nuestro Señor resucitado sea con todos vosotros, hijos amados en el Señor. Así sea.           

Santa Pascua 2011
+ Bartolomé de Constantinopla
ferviente suplicante a Cristo Resucitado
por todos vosotros